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Inicia Adviento: Una luz de esperanza - Oratorio Miguel Rúa PDF Imprimir E-mail
Escrito por En Familia MEM   
Viernes, 07 de Diciembre de 2018 16:40

El pasado domingo 2 de diciembre fecha en se celebró una aniversario más de la llegada de los salesianos a México, el Oratorio Miguel Rúa se iluminó de esperanza ante el inicio del tiempo de Adviento, camino hacia la Navidad 2018, espacio donde se acompañará a la familias que asisten al este centro de espiritualidad y convivencia donde se vive la Espiritualidad de San Juan Bosco,

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El ‘Llamado Misionero’ del Rector Mayor para la celebración por la 150° Expedición Misionera Salesiana PDF Imprimir E-mail
Escrito por En Familia MEM   
Viernes, 07 de Diciembre de 2018 13:39

 

Video ANS-Agenzia Info Salesiana

El Rector Mayor, P. Ángel Fernández Artime, como se ha vuelto tradición cada 8 de diciembre, fiesta de la Inmaculada Concepción, hizo un llamado misionero a toda la Congregación que ha calificado como ‘entusiasta y valiente’.

Con motivo del la 150ª Expedición Misionera Salesiana, desde la primera que emprendió Don Bosco, este 2018 su 10º Sucesor decidió difundirla por primera vez a través de un video, mediante el cual se dirige a todas las Inspectorías del mundo, para que puedan enviar hermanos a los lugares donde más se necesitan: ‘Hago un llamado a todas la Inspectorías del mundo, porque incluso aquellos que creen que son más pobres tienen hermanos con gran generosidad’, exhortó el Rector Mayor, dirigiéndose a toda la Congregación y agrega como un llamado muy personal: ‘Yo te invito a no tener miedo’.

 
Catequesis del Santo Padre durante la Audiencia general del 5 de diciembre de 2018 PDF Imprimir E-mail
Escrito por En Familia MEM   
Jueves, 06 de Diciembre de 2018 15:35

 

Video Vatican News

El Papa Francisco en el Aula Paulo IV del Vaticano, se reunió con fieles de Roma y peregrinos de todo el Mundo para ofrecerles su reflexión, a través la catequesis que predicó durante la Audiencia primer miércoles de este tiempo de Adviento, misma con la que abrió un nuevo ciclo dedicado a la oración del ‘Padre nuestro’, misma que Jesús nos brindó. El Papa comenzó con el tema ‘Enséñanos a rezar’ de acuerdo a un pasaje bíblico del Evangelio de San Lucas (Lc 11,1)

Síntesis en español de la Catequesis General ofrecida a los fieles en idioma español:

“Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!


Hoy comenzamos un ciclo de catequesis sobre el ‘Padre Nuestro’. Los evangelios nos presentan retratos muy vívidos de Jesús como hombre de oración. Jesús rezaba. A pesar de la urgencia de su misión y el apremio de tantas personas que lo reclaman, Jesús siente la necesidad de apartarse en soledad y rezar. El Evangelio de Marcos nos cuenta este detalle desde la primera página del ministerio público de Jesús (cf. 1, 35). El día inaugural de Jesús en Cafarnaúm terminó triunfalmente. Cuando baja el sol, una multitud de enfermos llega a la puerta donde mora Jesús: el Mesías predica y sana. Se cumplen las antiguas profecías y las expectativas de tantas personas que sufren: Jesús es el Dios cercano, el Dios que libera. Pero esa multitud es todavía pequeña en comparación con muchas otras multitudes que se reunirán alrededor del profeta de Nazaret; a veces se trata de reuniones oceánicas, y Jesús está en el centro de todo, el esperado por el pueblo, el resultado de la esperanza de Israel.

Y, sin embargo, Él se desvincula; no termina siendo rehén de las expectativas de quienes lo han elegido como líder. Hay un peligro para los líderes: apegarse demasiado a la gente, no mantener las distancias. Jesús se da cuenta y no termina siendo rehén de la gente. Desde la primera noche de Cafarnaúm, demuestra ser un Mesías original. En la última parte de la noche, cuando se anuncia el amanecer, los discípulos todavía lo buscan, pero no consiguen encontrarlo. ¿Dónde está? Hasta que, por fin, Pedro lo encuentra en un lugar aislado, completamente absorto en la oración y le dice: ‘¡Todos te están buscando!’ (Mc 1, 37). La exclamación parece ser la cláusula que sella el éxito de un plebiscito, la prueba del buen resultado de una misión.

Pero Jesús dice a los suyos que debe ir a otro lugar; que no son las personas las que lo buscan, sino que en primer lugar es Él el que busca a los demás. Por lo tanto, no debe echar raíces, sino seguir siendo un peregrino por los caminos de Galilea (versículos 38-39). Y también peregrino hacia el Padre, es decir: rezando. En camino de oración. Jesús reza.

Y todo sucede en una noche de oración

En alguna página de las Escrituras parece ser la oración de Jesús, su intimidad con el Padre, la que gobierna todo. Lo será especialmente, por ejemplo, en la noche de Getsemaní. El último trecho del camino de Jesús (en absoluto, el más difícil de los que había recorrido hasta entonces) parece encontrar su significado en la escucha continua de Jesús hacia su Padre. Una oración ciertamente no fácil, de hecho, una verdadera ‘agonía’, en el sentido del agonismo de los atletas, y sin embargo, una oración capaz de sostener el camino de la cruz.

Aquí está el punto esencial: Allí Jesús rezaba.

Jesús rezaba intensamente en los actos públicos, compartiendo la liturgia de su pueblo, pero también buscaba lugares apartados, separados del torbellino del mundo, lugares que permitieran descender al secreto de su alma: es el profeta que conoce las piedras del desierto y sube a lo alto de los montes. Las últimas palabras de Jesús, antes de expirar en la cruz, son palabras de los salmos, es decir de la oración, de la oración de los judíos: rezaba con las oraciones que su madre le había enseñado.

Jesús rezaba como reza cada hombre en el mundo. Y, sin embargo, en su manera de rezar, también había un misterio encerrado, algo que seguramente no había escapado a los ojos de sus discípulos si encontramos en los evangelios esa simple e inmediata súplica: ‘Señor, enséñanos a rezar’ (Lc 11,1). Ellos veían que Jesús rezaba y tenían ganas de aprender a rezar: ‘Señor, enséñanos a rezar’. Y Jesús no se niega, no está celoso de su intimidad con el Padre, sino que ha venido precisamente para introducirnos en esta relación con el Padre Y así se convierte en maestro de oración para sus discípulos, como ciertamente quiere serlo para todos nosotros. Nosotros también deberíamos decir: ‘Señor enséñame a rezar. Enséñame’.

¡Aunque recemos quizás desde hace muchos años, siempre debemos aprender! La oración del hombre, este anhelo que nace de forma tan natural de su alma, es quizás uno de los misterios más densos del universo. Y ni siquiera sabemos si las oraciones que dirigimos a Dios sean en realidad aquellas que Él quiere escuchar. La Biblia también nos da testimonio de oraciones inoportunas, que al final son rechazadas por Dios: basta con recordar la parábola del fariseo y el publicano. Solo este último, el publicano, regresa a casa del templo justificado, porque el fariseo era orgulloso y le gustaba que la gente le viera rezar y fingía rezar: su corazón estaba helado. Y dice Jesús: éste no está justificado ‘porque el que se ensalza será humillado, el que se humilla será ensalzado’ (Lc 18, 14).El primer paso para rezar es ser humildes, ir donde el Padre y decir: ‘Mírame, soy pecador, soy débil, soy malo’, cada uno sabe lo que tiene que decir. Pero se empieza siempre con la humildad, y el Señor escucha. La oración humilde es escuchada por el Señor.

Por eso, al comenzar este ciclo de catequesis sobre la oración de Jesús, lo más hermoso y justo que todos tenemos que hacer es repetir la invocación de los discípulos: ‘¡Maestro, enséñanos a rezar!’. Será hermoso, en este tiempo de Adviento, repetirlo: ‘Señor, enséñame a rezar’. Todos podemos ir algo más allá y rezar mejor; pero pedírselo al Señor. ‘Señor, enséñame a rezar’. Hagámoslo en este tiempo de Adviento y él ciertamente no dejará que nuestra invocación caiga en el vacío.”

 

Saludos en español del Papa a los fieles:

“Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española venidos de España y Latinoamérica. Los animo a pedir a Dios como hicieron los discípulos: ‘Señor, enséñanos a rezar’, para que nuestra oración no sea ni rutinaria ni egoísta, sino encarnada en nuestra vida y que sea agradable a nuestro Padre del cielo.

Que Dios los bendiga. Muchas gracias.’

 

Catequesis General del Papa durante la audiencia del miércoles pasado:

“Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Hoy comenzamos un ciclo de catequesis sobre el ‘Padre Nuestro’.

Los evangelios nos presentan retratos muy vívidos de Jesús como hombre de oración. Jesús rezaba. A pesar de la urgencia de su misión y el apremio de tantas personas que lo reclaman, Jesús siente la necesidad de apartarse en soledad y rezar. El Evangelio de Marcos nos cuenta este detalle desde la primera página del ministerio público de Jesús (cf. 1: 35). El día inaugural de Jesús en Cafarnaúm terminó triunfalmente. Cuando baja el sol, una multitud de enfermos llega a la puerta donde mora Jesús: el Mesías predica y sana. Se cumplen las antiguas profecías y las expectativas de tantas personas que sufren: Jesús es el Dios cercano, el Dios que libera. Pero esa multitud es todavía pequeña en comparación con muchas otras multitudes que se reunirán alrededor del profeta de Nazaret; a veces se trata de reuniones oceánicas, y Jesús está en el centro de todo, el esperado por el pueblo, el resultado de la esperanza de Israel.

Y, sin embargo, Él se desvincula; no termina siendo rehén de las expectativas de quienes lo han elegido como líder. Hay un peligro para los líderes: apegarse demasiado a la gente, no mantener las distancias. Jesús se da cuenta y no termina siendo rehén de la gente. Desde la primera noche de Cafarnaúm, demuestra ser un Mesías original. En la última parte de la noche, cuando se anuncia el amanecer, los discípulos todavía lo buscan, pero no consiguen encontrarlo. ¿Dónde está? Hasta que, por fin, Pedro lo encuentra en un lugar aislado, completamente absorto en la oración y le dice: ‘¡Todos te están buscando!’ (Mc 1, 37). La exclamación parece ser la cláusula que sella el éxito de un plebiscito, la prueba del buen resultado de una misión.

Pero Jesús dice a los suyos que debe ir a otro lugar; que no son las personas las que lo buscan, sino que en primer lugar es Él el que busca los demás. Por lo tanto, no debe echar raíces, sino seguir siendo un peregrino por los caminos de Galilea (versículos 38-39). Y también peregrino hacia el Padre, es decir: rezando. En camino de oración. Jesús reza.

Y todo sucede en una noche de oración

En alguna página de las Escrituras parece ser la oración de Jesús, su intimidad con el Padre, la que gobierna todo. Lo será especialmente, por ejemplo, en la noche de Getsemaní. El último trecho del camino de Jesús (en absoluto, el más difícil de los que había recorrido hasta entonces) parece encontrar su significado en la escucha continua de Jesús hacia su Padre. Una oración ciertamente no fácil, de hecho, una verdadera ‘agonía’, en el sentido del agonismo de los atletas, y sin embargo, una oración capaz de sostener el camino de la cruz.

Aquí está el punto esencial: Allí Jesús rezaba.

Jesús rezaba intensamente en los actos públicos, compartiendo la liturgia de su pueblo, pero también buscaba lugares apartados, separados del torbellino del mundo, lugares que permitieran descender al secreto de su alma: es el profeta que conoce las piedras del desierto y sube a lo alto de los montes. Las últimas palabras de Jesús, antes de expirar en la cruz, son palabras de los salmos, es decir de la oración, de la oración de los judíos: rezaba con las oraciones que su madre le había enseñado.

Jesús rezaba como reza cada hombre en el mundo. Y, sin embargo, en su manera de rezar, también había un misterio encerrado, algo que seguramente no había escapado a los ojos de sus discípulos si encontramos en los evangelios esa simple e inmediata súplica: ‘Señor, enséñanos a rezar’ (Lc. 11,1). Ellos veían que Jesús rezaba y tenían ganas de aprender a rezar: ‘‘Señor, enséñanos a rezar’. Y Jesús no se niega, no está celoso de su intimidad con el Padre, sino que ha venido precisamente para introducirnos en esta relación con el Padre Y así se convierte en maestro de oración para sus discípulos, como ciertamente quiere serlo para todos nosotros. Nosotros también deberíamos decir: ‘Señor enséñame a rezar. Enséñame’.

¡Aunque hayamos rezando durante tantos años, siempre debemos aprender! La oración del hombre, este anhelo que nace de forma tan natural de su alma, es quizás uno de los misterios más densos del universo. Y ni siquiera sabemos si las oraciones que dirigimos a Dios sean en realidad aquellas que Él quiere escuchar. La Biblia también nos da testimonio de oraciones inoportunas, que al final son rechazadas por Dios: basta con recordar la parábola del fariseo y el publicano. Solo este último, el publicano, regresa a casa del templo justificado, porque el fariseo era orgulloso y le gustaba que la gente le viera rezar y fingía rezar: su corazón estaba helado. Y dice Jesús: éste no está justificado ‘porque el que se ensalza será humillado, el que se humilla será ensalzado’ (Lc 18, 14).El primer paso para rezar es ser humildes, ir donde el Padre y decir: ‘Mírame, soy pecador, soy débil, soy malo’, cada uno sabe lo que tiene que decir. Pero se empieza siempre con la humildad, y el Señor escucha. La oración humilde es escuchada por el Señor.

Por eso, al comenzar este ciclo de catequesis sobre la oración de Jesús, lo más hermoso y justo que todos tenemos que hacer es repetir la invocación de los discípulos: ‘¡Maestro, enséñanos a rezar!’. Será hermoso, en este tiempo de Adviento, repetirlo: ‘Señor, enséñame a rezar’. Todos podemos ir algo más allá y rezar mejor; pero pedírselo al Señor. ‘Señor, enséñame a rezar’. Hagámoslo en este tiempo de Adviento y él ciertamente no dejará que nuestra invocación caiga en el vacío.”

Saludos del Papa realizados en varios idiomas:

Saludos en francés: “Me complace saludar a los peregrinos procedentes de Francia y de los diversos países francófonos, especialmente a los jóvenes del Colegio Vertou. En este tiempo de Adviento, pidamos al Espíritu Santo que nos ayude a repetir la invocación de los discípulos: ‘¡Maestro, enséñanos a rezar!’. De esta manera, estaremos seguros de que Él no dejará caer nuestras peticiones en el vacío. ¡Dios os bendiga!”

Saludos en inglés: “Doy la bienvenida a los peregrinos de habla inglesa presentes en la audiencia de hoy, especialmente a los provenientes de Australia, Nueva Zelanda y los Estados Unidos de América. Dirijo un saludo especial a los numerosos grupos de estudiantes y profesores presentes. Sobre todos vosotros y vuestras familias, invoco el gozo y la paz del Señor. ¡Dios os bendiga!”

Saludos en alemán: “Dirijo un saludo y un deseo de un buen camino de Adviento a los peregrinos de habla alemana. Nos acercamos a la Navidad. Dios se ha hecho hombre; en Jesús vino a compartir nuestra vida. A través de la oración queremos mantener viva esta relación con Él. ¡El Señor os dé su Espíritu Santo!”

Saludos en portugués: “ Estimados peregrinos procedentes de Brasil, de Portugal y de otros países de habla portuguesa, ¡bienvenidos! De las muchas cosas,- tan a menudo difíciles- de la vida, aprended a elevar vuestro corazón al Padre del Cielo, reposando en el seno de su infinita bondad, y veréis que los dolores y las aflicciones de la vida os harán menos daño. ¡Que nada os impida vivir en esta amistad con Dios y de dar testimonio a todos de su misericordia! Su bendición descienda generosamente sobre vosotros y vuestras familias.”

Saludos en árabe: “¡Doy una cordial bienvenida a los peregrinos de habla árabe, especialmente a los de Oriente Medio! Queridos hermanos y hermanas, eduquémonos a una relación con Dios intensa, a una oración constante, llena de confianza, capaz de iluminar nuestra vida, como Jesús nos enseña. Y pidámosle que podamos comunicarse a las personas que encontramos en nuestro camino, la alegría del encuentro con el Señor, luz para nuestra existencia. ¡El Señor os bendiga!”

Saludos en polaco:“Doy la bienvenida a los peregrinos polacos. Saludo en particular a los redactores de la Sección Polaca de Radio Vaticano, que en estos días celebra el 80 aniversario de su fundación. Os agradezco vuestro servicio al Papa y a la Iglesia. El próximo domingo se celebrará en Polonia la XIX Jornada de Oración y Ayuda a la Iglesia del Este. Pienso con gratitud en todos aquellos que con oración y obras concretas sostienen las comunidades eclesiales de los países vecinos. Les deseo a todos un tiempo de Adviento, sereno y lleno de gracias. Os bendigo de todo corazón.”

Saludos en croata: “ Saludo con alegría y bendigo a los peregrinos croatas, especialmente a los matrimonios de la diócesis de Dubrovnik, acompañados por su pastor, Mons. Mate Uzini?. Queridos esposos, ayer habéis renovado los votos matrimoniales en la basílica de San Pedro, confesando que el Señor os ha ayudado en los momentos felices y tristes de la vida. Os animo a vivir el amor conyugal, un signo de amor entre Cristo y la Iglesia, profundizando diariamente la mutua entrega en los pequeños gestos. En este tiempo de Adviento, la Santísima Virgen María sea para vosotros un ejemplo de cómo recibir al Señor y confiar en él. ¡Alabados sean Jesús y María!”

 

Saludos en italiano: “Doy una cordial bienvenida a los peregrinos de habla italiana.

Me complace recibir a las Hijas de Nuestra Señora del Sagrado Corazón y a los grupos parroquiales, en particular los de Sant’Elia a Pianisi, de Roma y de Pescara.

Saludo al Regimiento Nizza Caballería de Bellinzago Novarese, a los círculos de jubilados de la provincia de Trento y a los septuagenarios de Paterno de Lucania.

Un pensamiento particular para los jóvenes, los ancianos, los enfermos y los recién casados.

El próximo sábado celebraremos la solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Bienaventurada Virgen María. ¡Confiémonos a Nuestra Señora! Ella, como modelo de fe y de obediencia al Señor, nos ayude a preparar nuestros corazones para recibir al Niño Jesús en su Natividad. Gracias.”

 
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