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Catequesis del Santo Padre durante la Audiencia General de 17 de junio: la oración de Moisés PDF Imprimir E-mail
Escrito por En Familia MEM   
Miércoles, 17 de Junio de 2020 14:24

17 de junio de 2020, Vaticano: Como   aconte  cada miércoles desde la aplicación de las medidas de distanciamiento sanitario, el Papa Francisco, junto con   clérigos lectores de diversas lenguas,  se reúnen  en la  Biblioteca del Palacio Apostólico, para realizar la Audiencia General. El Santo Padre dio continuidad al ciclo de catequesis referentes a la oración, abordo 'La oración de Moisés' (Gen 32, 25-30). (Fuente: Vaticano y OPSS)

El Papa explicó que a pesar de sus límites y vacilaciones Moisés, con su oración mantuvo lazos de solidaridad para que la Misericordia de Dios actuara  en favor de los pecadores, además se esmeraba  en  ser puentes entre Dios y su Pueblo. Pidió orar los sacerdotes para que su ministerio este fundamentado en la Alegría del Evangelio.

Síntesis de la Catequesis del Santo Padre,  predicada  en  español:

"Queridos hermanos y hermanas:

En nuestro itinerario sobre el tema de la oración, nos damos cuenta de que a Dios le gusta tratar con personas a veces 'difíciles', y lo comprobamos con Moisés. Cuando Dios lo llamó, Moisés era humanamente 'un fracaso'. El libro del Éxodo lo describe como un fugitivo en la tierra de Madián, después de haber defendido a uno de su pueblo. Sus sueños de gloria se esfumaron: Moisés ya no era un funcionario prometedor, sino un fracasado que pastoreaba un rebaño que ni siquiera le pertenecía. Y es precisamente en el silencio del desierto donde Dios se le reveló en la zarza ardiente: 'Yo soy el Dios de tus padres', le dijo, y le encomendó la liberación de Israel.

 

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Moisés presentó a Dios sus temores, sus objeciones ante la misión que le confería, de volver a Egipto y de ocuparse de su pueblo que sufría. No se consideraba digno de esa tarea, tartamudeaba; no conocía el nombre de Dios para presentarse ante los israelitas. Su oración estaba siempre cargada de 'porqué': ¿Por qué me enviaste? ¿Por qué quieres liberar a esta gente? Esta falta de confianza en Dios le impidió entrar en la tierra prometida.

Con estos miedos y vacilaciones, vemos en Moisés a un hombre como nosotros. Y Dios, sin embargo, le confió grandes responsabilidades y, a pesar de ellas, supo mantener lazos de solidaridad con su pueblo. Moisés era tan amigo de Dios que hablaba con Él cara a cara; y siguió siendo tan amigo de los hombres que tenía misericordia por sus pecados y rezaba por ellos. Su oración era de intercesión, siendo esta la verdadera plegaria de los creyentes, que a pesar de sus fragilidades tratan de ser 'puentes' entre Dios y su pueblo."

Saludos pronunciados en español por el Santo Padre: "Saludo cordialmente a los fieles de lengua española, que siguen esta catequesis a través de los medios de comunicación social. Pasado mañana, el viernes, celebramos la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús; y vinculada a esta fiesta se encuentra la Jornada de santificación sacerdotal. Los animo a rezar por los sacerdotes, por vuestro párroco, por aquellos que están cerca de ustedes y conocen…, para que a través de vuestra oración el Señor los fortalezca en su vocación, los conforte en su ministerio y sean siempre ministros de la Alegría del Evangelio para todas las gentes.

Que Dios los bendiga."

Catequesis General del Santo Padre sobre la oración de Moisés

“Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

En nuestro itinerario sobre el tema de la oración, nos estamos dando cuenta de que Dios nunca amó tratar con orantes 'fáciles'. Y ni siquiera Moisés será un interlocutor 'débil', desde el primer día de su vocación.


 

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Cuando Dios lo llama, Moisés es humanamente un fracasado'. El libro del Éxodo nos lo representa en la tierra de Madián como un fugitivo. De joven había sentido piedad por su gente y había tomado partido en defensa de los oprimidos. Pero pronto descubre que, a pesar de sus buenos propósitos, de sus manos no brota justicia, si acaso, violencia. He aquí los sueños de gloria que se hacen trizas: Moisés ya no es un funcionario prometedor, destinado a una carrera rápida, sino alguien que se ha jugado las oportunidades, y ahora pastorea un rebaño que ni siquiera es suyo. Y es precisamente en el silencio del desierto de Madián donde Dios convoca a Moisés a la revelación de la zarza ardiente: ''Yo soy el Dios de tu padre, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob'. Moisés se cubrió el rostro, porque temía ver a Dios' (Éxodo 3,6).

A Dios que habla, que le invita a ocuparse de nuevo del pueblo de Israel, Moisés opone sus temores, sus objeciones: no es digno de esa misión, no conoce el nombre de Dios, no será creído por los israelitas, tiene una lengua que tartamudea… Y así tantas objeciones. La palabra que florece más a menudo de los labios de Moisés, en cada oración que dirige a Dios, es la pregunta '¿por qué?'. ¿Por qué me has enviado? ¿Por qué quieres liberar a este pueblo? En el Pentateuco hay, de hecho, un pasaje dramático en el que Dios reprocha a Moisés su falta de confianza, falta que le impedirá la entrada en la tierra prometida. (cf. Números 20,12).

Con estos temores, con este corazón que a menudo vacila, ¿cómo puede rezar Moisés? Es más, Moisés parece un hombre como nosotros. Y también esto nos sucede a nosotros: cuando tenemos dudas, ¿pero cómo podemos rezar? No nos apetece rezar. Y es por su debilidad, más que por su fuerza, por lo que quedamos impresionados. Encargado por Dios de transmitir la Ley a su pueblo, fundador del culto divino, mediador de los misterios más altos, no por ello dejará de mantener vínculos estrechos con su pueblo, especialmente en la hora de la tentación y del pecado. Siempre ligado al pueblo. Moisés nunca perdió la memoria de su pueblo. Y esta es una grandeza de los pastores: no olvidar al pueblo, no olvidar las raíces. Es lo que dice Pablo a su amado joven obispo Timoteo: 'Acuérdate de tu madre y de tu abuela, de tus raíces, de tu pueblo'. Moisés es tan amigo de Dios como para poder hablar con Él cara a cara (cf. Éxodo 33,11); y será tan amigo de los hombres como para sentir misericordia por sus pecados, por sus tentaciones, por la nostalgia repentina que los exiliados sienten por el pasado, pensando en cuando estaban en Egipto.

Moisés no reniega de Dios, pero ni siquiera reniega de su pueblo. Es coherente con su sangre, es coherente con la voz de Dios. Moisés no es, por lo tanto, un líder autoritario y despótico; es más, el libro de los Números lo define como 'un hombre muy humilde, más que hombre alguno sobre la haz de la tierra' (cf. 12, 3). A pesar de su condición de privilegiado, Moisés no deja de pertenecer a ese grupo de pobres de espíritu que viven haciendo de la confianza en Dios el consuelo de su camino. Es un hombre del pueblo.

Así, el modo más proprio de rezar de Moisés será la intercesión (cf. Catecismo de la Iglesia Católica, 2574). Su fe en Dios se funde con el sentido de paternidad que cultiva por su pueblo. La Escritura lo suele representar con las manos tendidas hacia lo alto, hacia Dios, como para actuar como un puente con su propia persona entre el cielo y la tierra. Incluso en los momentos más difíciles, incluso el día en que el pueblo repudia a Dios y a él mismo como guía para hacerse un becerro de oro, Moisés no es capaz de dejar de lado a su pueblo. Es mi pueblo. Es tu pueblo. Es mi pueblo. No reniega ni de Dios ni del pueblo. Y dice a Dios: '¡Ay! Este pueblo ha cometido un gran pecado al hacerse un dios de oro. Con todo, si te dignas perdonar su pecado..., y si no, bórrame del libro que has escrito' (Éxodo 32,31-32). Moisés no cambia al pueblo. Es el puente, es el intercesor. Los dos, el pueblo y Dios y él está en el medio. No vende a su gente para hacer carrera. No es un arribista, es un intercesor: por su gente, por su carne, por su historia, por su pueblo y por Dios que lo ha llamado. Es el puente. Qué hermoso ejemplo para todos los pastores que deben ser 'puente'. Por eso, se les llama pontifex, puentes. Los pastores son puentes entre el pueblo al que pertenecen y Dios, al que pertenecen por vocación. Así es Moisés: 'Perdona Señor su pecado, de otro modo, si Tú no perdonas, bórrame de tu libro que has escrito. No quiero hacer carrera con mi pueblo'. Y esta es la oración que los verdaderos creyentes cultivan en su vida espiritual. Incluso si experimentan los defectos de la gente y su lejanía de Dios, estos orantes no los condenan, no los rechazan. La actitud de intercesión es propia de los santos, que, a imitación de Jesús, son 'puentes' entre Dios y su pueblo. Moisés, en este sentido, ha sido el profeta más grande de Jesús, nuestro abogado e intercesor. (cf. Catecismo de la Iglesia Católica, 2577). Y también hoy, Jesús es el pontifex, es el puente entre nosotros y el Padre. Y Jesús intercede por nosotros, hace ver al Padre las llagas que son el precio de nuestra salvación e intercede. Y Moisés es la figura de Jesús que hoy reza por nosotros, intercede por nosotros.

Moisés nos anima a rezar con el mismo ardor que Jesús, a interceder por el mundo, a recordar que este, a pesar de sus fragilidades, pertenece siempre a Dios. Todos pertenecen a Dios. Los peores pecadores, la gente más malvada, los dirigentes más corruptos son hijos de Dios y Jesús siente esto e intercede por todos. Y el mundo vive y prospera gracias a la bendición del justo, a la oración de piedad, a esta oración de piedad, el santo, el justo, el intercesor, el sacerdote, el obispo, el Papa, el laico, cualquier bautizado eleva incesantemente por los hombres, en todo lugar y en todo tiempo de la historia. Pensemos en Moisés, el intercesor. Y cuando nos entren las ganas de condenar a alguien y nos enfademos por dentro -enfadarse hace bien, pero condenar no hace bien- intercedamos por él: esto nos ayudará mucho.”

Llamamiento del Santo Padre a matener una  “conciencia recta”:

El Papa expreso lo siguiente:  “Se celebra hoy la 'Jornada de la Conciencia', inspirada en el testimonio del diplomático portugués Aristides de Sousa Mendes, el cual, hace ochenta años, decidió seguir la voz de la conciencia y salvó la vida a miles de judíos y otros perseguidos. Que la libertad de conciencia pueda ser respetada siempre y en todas partes; y que todo cristiano pueda dar ejemplo de coherencia con una conciencia recta e iluminada por la Palabra de Dios”

Además este día el Papa dirigió un videomensaje  a los trabajadores del mar agradeciendo su gran trabajo, a pesar de la vulnerabilidad en que se encuentran,  y los grandes sacrificios que implica su labor.

 

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Vídeomensaje del Santo Padre Francisco a los trabajadores del mar

“Queridos hermanos y hermanas:

Estos son tiempos difíciles para el mundo porque nos enfrentamos al sufrimiento causado por el coronavirus. Vuestro trabajo como marineros y pescadores se ha vuelto aún más importante, para proveer a la gran familia humana de alimentos y otros géneros de primera necesidad. Os estamos agradecidos. También porque sois una categoría muy expuesta. En los últimos meses vuestra vida y vuestro trabajo han cambiado considerablemente y os habéis enfrentado -y todavía os enfrentáis- a muchos sacrificios, a largos períodos de alejamiento a bordo de los barcos sin poder bajar a tierra. La lejanía de la familia, los amigos y el propio país, el miedo al contagio, todos estos elementos son una pesada carga de llevar, ahora más que nunca.

Me gustaría deciros: sabed que no estáis solos y que no estáis olvidados. Vuestro trabajo en el mar a menudo os mantiene alejados, pero estáis presentes en mi oración y en mi mente, así como en la de los capellanes y voluntarios de 'Stella Maris'. El mismo Evangelio nos lo recuerda cuando nos habla de Jesús con sus primeros discípulos, que eran todos pescadores, como vosotros. Hoy deseo enviaros un mensaje y una oración de esperanza, una oración de alivio y de consuelo contra toda adversidad. Al mismo tiempo, animo también a todos los que trabajan con vosotros en el apostolado del mar.

Que el Señor bendiga a cada uno de vosotros, bendiga vuestro trabajo y a vuestras familias; y que la Virgen María, Estrella del Mar, os proteja siempre. Yo también os bendigo y rezo por vosotros. Y vosotros, por favor, no os olvidéis de rezar por mí. Gracias.”

 
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